miércoles, 18 de marzo de 2015

Miércoles gris.

De esas veces que me mantengo en silencio. Porque si abro la boca para decir algo, temo romper ese silencio en un sollozo ahogado. Entonces finjo. No hablo. Callo. Mejor así. No tengo nada que decir. No sé qué decir. ¿Para qué hablar si no hay nada que decir? 
No quiero montarme paranoias precipitadas. Bueno, lo que no quiero es tener que contarle esas paranoias a alguien porque se que me estoy precipitando al pensar tanto. Pero no puedo evitar ser una impaciente, una dramática. Los días malos duran para mi una eternidad, por eso pierdo la esperanza y la paciencia tan rápido, porque me creo que ha pasado más tiempo del que realmente ha pasado y claro... 

No hay comentarios:

Publicar un comentario